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HUMANO — NATUREZA PERFEITA

VIDE: Homem de Luz, mestre-discípulo, Sol, Anjo

Sufismo

Henry Corbin: O HOMEM DE LUZ NO SUFISMO IRANIANO
Se abusa con demasiada facilidad del término «sincretismo», utilizado con frecuencia a modo de argumento para desautorizar algún generoso proyecto de poner de nuevo en presente doctrinas que se suponía pertenecían a un «pasado irrecuperable». Ahora bien, nada es más fluctuante que esa noción de «pasado», que depende en realidad de un presupuesto o una decisión siempre susceptible de ser superada por otra que vuelva a dar porvenir a ese pasado. Ésta es un poco, a lo largo de los siglos, la historia de la gnosis. La instauración por Sohravardî, en el siglo XII, de una «teosofía oriental» (hikmat al‑Ishrâq) no ha escapado a este juicio tan sumario como inmerecido, dictado por quienes sólo pudieron tener un conocimiento precario y superficial de la obra de Sohravardî. De hecho, como en cualquier otra sistematización personal, se encuentran en ella elementos materialmente identificables, procedentes del hermetismo, el zoroastrismo, el neoplatonismo o el sufismo del Islam. Pero la ordenación de estos materiales en una estructura nueva está regida por una intuición central tan original como constante. Esta intuición central se hace explícita en cierto número de figuras; el papel que entre éstas asume la figura hermética de la Naturaleza Perfecta (al‑tibâ’ al‑tâmm) es particularmente destacable. Detalle esencial: es únicamente la tradición hermética en lengua árabe la que nos permite darle su contexto, al enseñarnos que la Naturaleza Perfecta es el paredro celestial, el guía de luz del sabio. Para comprender su papel y su manifestación es preciso tener en cuenta la antropología de la que es inseparable, una antropología en la que el héroe es el hombre de luz, cautivo de las tinieblas y que trata de escapar de ellas.
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Lo que Cristo es para el conjunto de las almas de luz, lo es cada ángel para cada alma. Cada vez que aparecen estas diadas, se reproduce la relación constitutiva del pleroma de luz. Esta relación tan fundamental se encuentra en el maniqueísmo, y es ella también la que en la «teosofía oriental» de Sohravardî nos permitirá concebir la relación entre la Naturaleza Perfecta del místico y el Ângel arquetipo de la humanidad (identificado con el Espíritu Santo, el ángel Gabriel de la revelación coránica, la Inteligencia activa de los filósofos avicenianos). Lo que esta figura es para el conjunto de las almas de luz emanadas de ella misma, cada Naturaleza Perfecta lo es respectivamente para cada alma. A la concepción de esta relación nos conducen los textos herméticos en lengua árabe relativos a la Naturaleza Perfecta. Entre estos textos, el más importante de los actualmente conocidos es la obra atribuida a Majrîtî: Ghâyat al‑Makîm (Objetivo del sabio), redactado sin duda en el siglo XI, pero cuyos materiales son mucho más antiguos puesto que nos dan a conocer en detalle la religión y el ritual de los sabeos de Harrán. Aquí la Naturaleza Perfecta es descrita como «el Ângel del filósofo», iniciadora y preceptora del filósofo, y finalmente como el objeto y el secreto de toda la filosofía, la figura rectora de la religión personal del sabio. En cada ocasión, la descripción pone de relieve el rasgo fundamental: la Naturaleza Perfecta no puede manifestarse «en persona» más que a aquel cuya naturaleza es perfecta, es decir, al hombre de luz; su relación es ese unus‑ambo donde cada uno de los dos asume simultáneamente la posición de yo y tú, imagen y espejo: mi imagen me mira por mi propia mirada y yo le miro por su propia mirada.

«Lo primero que tienes que hacer por ti mismo es meditar atentamente tu entidad espiritual (rûhânîyato‑ka, "tu ángel") que te gobierna y que está asociada a tu astro, a saber, tu Naturaleza Perfecta, la que el sabio Hermes menciona en su libro diciendo: "Cuando el microcosmo que es el hombre llega a ser perfecto en naturaleza, su alma es entonces homóloga al sol fijo en el cielo que con sus rayos ilumina todos los horizontes. De forma similar se alza en el alma la Naturaleza Perfecta; sus rayos bañan y penetran las facultades de los órganos sutiles de la sabiduría; los atraen, los hacen levantarse en el alma, del mismo modo que los rayos del sol atraen las energías del mundo terrenal y las hacen subir a la atmósfera".» Se sugiere, pues, que la relación entre la Naturaleza Perfecta y su alma es idéntica a la que establece el salmo compuesto por Sohravardî a su propia Naturaleza Perfecta, en el que el alumbrador es el alumbrado, y simultáneamente el alumbrado es el alumbrador. «El sabio Sócrates ha declarado: se llama Naturaleza Perfecta al sol del filósofo, a la vez raíz original de su ser y rama surgida de él. Se preguntó a Hermes: "¿Cómo se llega a conocer la sabiduría? ¿Cómo se la hace descender hasta aquí?". "Por la Naturaleza Perfecta", respondió. "¿Cuál es la raíz de la sabiduría?" "La Naturaleza Perfecta" "¿Cuál es la clave de la sabiduría?" "La Naturaleza Perfecta" "¿Qué es, pues, la Naturaleza Perfecta?", se le preguntó. "Es la entidad celestial, el Ângel del filósofo, aquel que está unido a su astro, aquel que lo gobierna, le abre los cerrojos de la sabiduría, le enseña lo que es difícil, le revela lo que es justo, tanto durante el sueño como durante el estado de vigilia". » «Sol del filósofo», dice Hermes; en Najm Kobrâ, el homólogo de la Naturaleza Perfecta, el «testigo en el cielo», el maestro personal suprasensible, se define como «sol del misterio», «sol del corazón», etc.; y un relato extático de Sohravardi nos mostrará cuándo y cómo se levanta ese sol que no es ni del oriente ni del occidente terrestres. Hasta tal punto la Naturaleza Perfecta es el secreto supremo que nuestro texto nos dice también que es el único aspecto de la teosofía mística que los sabios no revelaron jamás sino a sus discípulos, y que no permitieron que circulara sino entre ellos, ya fuese oralmente o por escrito.

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Responsável

Murilo Cardoso de Castro
Doutor em Filosofia, UFRJ (2005)