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Cristologia

Clemente de Alexandria: EXAMINADO POR ANTONIO ORBE

«Los filósofos de mayor antigüedad no se dejaban llevar a la discusión y aporía sistemática. Y tampoco nosotros, que abrazamos la verdadera real filosofía. La Escritura nos ordena, por el contrario, escudriñar e inquirir a fin de hallar (eureseos charin) — Pues los filósofos más recientes entre los helenos se dejan llevar por vano amor a la honra hacia la inútil palabrería entre (morbosas) refutaciones y disputas. En cambio, la filosofía bárbara (= la cristiana) rehúye por entero la contienda: 'Buscad — dijo (el Salvador) — y hallaréis; pulsad y os abrirán; pedid y se os dará'. Con la (verdadera) inquisición, el discurso, mediante preguntas y respuestas, llama a la puerta de la verdad por la parte de afuera. Y, abierto con el escrutinio lo que impide (el ingreso a la verdad), nace la contemplación científica. A quienes así pulsan — creo — se les abre lo que buscan. Y a quienes así piden los indicios escriturarios tras los que andan, Dios les otorga como don, mediante la inquisición lógica realmente iluminadora (y) en manera comprensiva, la gnosis venida de él. Porque es imposible hallar sin primero buscar; ni buscar sin escudriñar; ni escudriñar sin explicar y abrir lo que mediante preguntas conduce al objeto de la inquisición hasta la evidencia. Tampoco es posible que, penetrando uno con diligente examen, no acabe por recibir en premio la ciencia de lo inquirido. En efecto, el hallar es de quien busca; y el buscar, de quien primero creía no saber. Atraído de ahí, con ansias por el hallazgo del bien, busca con benignidad, sin ganas de contender, preguntando y respondiendo, y sometiendo a consideración lo que se dice. Porque no sólo quienes se aplican a las divinas Escrituras, sino también a las nociones comunes, conviene se hagan cuestiones, de suerte que el hallazgo acabe en algo útil...» (Stromata VIII 1,1,1-2,4).


Ninguna alusión al lema gnóstico heterodoxo («Quaerite et invenietis»), y sí al programa de la verdadera (científica) inquisición. El Alejandrino cita Mt 7,7 fuera de todo propósito específicamente cristiano. En capítulos sucesivos discurre a nivel filosófico, dando reglas de método inspiradas en las escuelas coetáneas del paganismo.

La curiosidad innata de Clemente no experimenta con la viveza de Tertuliano el apremio de una revisión para las «Quaestiones et responsiones». Cree útil el sistema, siempre que se oriente a la invención de la verdad (resp. del bien). Su actitud, muchas veces benévola para exégesis valentinianas de manifiesta heterodoxia, explicaría algo la nota serena, desinteresada, de tales juicios. Dijérase que ignora abusos, o no los cree tan flagrantes como para llamar a rebato.

Suenan muy distinto las páginas que consagra a combatir, en Strom. VII 16, los métodos exegéticos de la gnosis heterodoxa. Sin mencionar Mt 7,7 hace su mejor comentario.

Tres disposiciones hay de ánimo: la ignorancia, característica de los paganos (ta ethne); la ciencia, propia de la verdadera Iglesia; y la opinión (oiesis), peculiar de las herejías (Stromata VII 16,100,7). Con la opinión rima la contienda (heris) (Stromata VII 16,101,3). Los gnósticos buscan la porfía con los eclesiásticos, sin amor a la verdad austera y sobria.

Demasiado conscientes de los propios fallos, escogen las expresiones equívocas, para acomodarlas a sus opiniones predilectas, echando mano de la pura letra, y, al amparo de solos términos, varían a su gusto la significación de ellos, atentos a justificar doctrinas preconcebidas.

En vez de examinar lo que mejor conviene a Dios, iluminando unas escrituras con otras, con especial sensibilidad para lo religioso, la caridad, lo que lleva a Cristo, buscan una gnosis que hincha, mas no edifica.

En el fondo, arrancan de un axioma que impide toda inteligencia posible con ellos. «Nosotros — dicen — (los eclesiásticos), como nacidos de otro linaje, somos incapaces de comprender los (misterios) peculiares a ellos».

Unos y otros nos movemos en planos diversos. Lo que para los eclesiásticos significa una cosa, para los gnósticos dice otra. Los psíquicos entendemos la Escritura psíquicamente; y ellos la intuyen «espiritualmente».

Clemente no invoca en esta ocasión Mt 7,7. Pero lo comenta. Sería inoperante urgir «Buscad y hallaréis», para que gnósticos y eclesiásticos abocáramos a una doctrina común. Los espirituales buscan a nivel propio; los psíquicos, al suyo. Jamás se encuentran. Los gnósticos tienen sus propios («espirituales») medios de inquisición: v.gr., el recurso a la paradosis secreta, mitos (teológicos) peculiares, premisas también suyas, declaraciones escriturarias en armonía con ellas.

Buscad entre «espirituales» el contenido último del Evangelio, y lo hallaréis. No lo busquéis entre «animales», porque no os lo podrán revelar. El hallazgo y la búsqueda se corresponden. Todo ha de ser entre gnósticos. Como principio de base, precisa ser de linaje divino. Sólo los «hijos del (verdadero) Dios» entienden sus misterios conforme a verdad.

Los gnósticos invertirían las categorías de Clemente. Para los herejes tienen vigencia las tres disposiciones fundamentales del humano intelecto: ignorancia (agnoia), entre paganos; opinión (oiesis) — verdad psíquica — , entre hebreos y vulgares eclesiásticos; y ciencia (episteme), entre «espirituales».

En definitiva, no hay modo de entenderse. La recomendación del Evangelio (Mt 7,7) acaba por distanciarnos más.

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Responsável

Murilo Cardoso de Castro
Doutor em Filosofia, UFRJ (2005)
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