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id da página: 2968 LIVRO DAS HORAS
Oração — LIVRO DAS HORAS

Uma obra clássica da tradição cristã Ocidental, incluída aqui nesta seção de "Ascetismo e Misticismo" e também referenciada na seção da Philokalia, por sua grande afinidade com a praktike especialmente da oração (euche).

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Excertos de LIVRO DAS HORAS
Clemente de Alexandria:
  • Este autor es el primero en mencionar, junto a un oficio matutino, que parece comunitario, unas Horas de oración privada, tercia, sexta y nona, que equivalen a nuestras 9, 12 y 15 horas (tres Horas, separadas una de otra por tres horas). Y al sugerir el por qué de estos momentos, parece pensar más en la Epifanía del Señor — su manifestación — que en la Resurrección.
«Puesto que el oriente significa el nacimiento del sol y allí comienza la luz que brota de las tinieblas, imagen de la ignorancia, el día representa el conocimiento de la verdad. Por eso, al salir el sol, se tienen las preces matinales... Algunos también dedican a la plegaria una horas fijas y determinadas, como tercia, sexta y nona, de forma que el gnóstico (=iniciado) puede orar durante toda su vida, en coloquio con Dios por medio de la plegaria. Ellos saben que esta triple división de las ho ras, que siempre son santificadas por la oración, recuerda a la Santa Trinidad» (Stromm. 7,7).


Tertuliano:
  • Su valioso testimonio relaciona por primera vez las horas de tercia, sexta y nona con episodios de la Sagrada Escritura. Menciona la vigilia, y se refiere a las oraciones del comienzo del día y de la noche como a horas legitimae, es decir, establecidas, instituidas en la comunidad eclesial.
«Respecto del tiempo, no has de considerar inútil la observancia de algunas horas más, a las que llamo comunes, que señalan los momentos en que se reparte el día: la tercia, la sexta y la nona, que en la Sagrada Escritura hallas destacadas con mayor solemnidad. En la hora de tercia fue infundido por primera vez el Espíritu Santo a los Apóstoles cuando estaban reunidos (Hch 2,15). A la hora de sexta subió Pedro al terrado para orar el día que experimentó la visión de la universalidad de la comunidad en aquel lienzo (10,9). A la hora de nona el mismo Pedro subía con Juan al templo cuando curó al paralítico (3,1). De suyo no existe precepto alguno que mande observar estas horas; sin embargo, es bueno pensar que en la recomendación de orar se presupone una cierta urgencia, y que, como si fuera una ley, nos apartemos de los negocios y nos dediquemos de cuando en cuando a orar. Lo mismo hacía Daniel, según leemos (Dan 6,10), observando las normas de Israel; lo mismo debemos hacer nosotros, servidores del Dios Trino, a quien debemos adorar por lo menos tres veces al día: al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Exceptuamos naturalmente las oraciones mandadas por la ley (legitimae) que, por encima de cualquier recomendación, debemos observar: al salir el sol y al caer la tarde» (De oratione 25). Por otra parte, «¿quién se habría de apartar en las celebraciones nocturnas, cuando las hay?» (De uxorem 2,4).


Hipólito de Roma:
  • En su preciosa obra, la Traditio Apostolica, este presbítero romano, amigo de la tradición de la Iglesia, recopila las principales normas o costumbres, para que los obispos, especialmente, las conozcan y fomenten. Leyendo los capítulos 25, 35 y 41, se ve que el autor conoce, como Tertuliano, seis Horas de oración: matutina, tercia, sexta, nona, vespertina y vigilar. Y es muy significativo el modo como entiende el significado de cada una en clave cristológica. El rezo de las Horas es un modo de unirse a la oración de Cristo, haciendo la memoria de su pasión y de su resurrección. Las Horas litúrgicas quedan así unidas profundamente al sacrificio eucarístico.
«Si te encuentras en casa, haz oración al llegar la hora tercia, y bendice al Señor. Si estás en otro lugar, ora en tu corazón en este momento a Dios, pues en esta hora fue contemplado Cristo clavado en el madero (Mc 15,25)... Ora igualmente al llegar la hora sexta. Cuando Cristo fue clavado en la cruz, el día se dividió en dos y sobrevinieron grandes tinieblas. Hay que orar en esta hora con oración intensa, imitando su voz (la de Jesús) que oraba, mientras la creación se ensombrecía a causa de la incredulidad de los judíos (Mt 27,45; Mc 15,33; Lc 23,44-45)... Hay que hacer también una gran plegaria y una gran bendición en la hora nona, para imitar la forma como el alma de los justos alaba a Dios. En esta hora, del costado abierto de Cristo brotó agua y sangre, iluminándose el día hasta las vísperas (Jn 19,33-37) (Trad. Ap. 41). De este modo, «todos vosotros que sois fieles, haciendo esto y acordándoos de ello, instruyéndoos mutuamente y dando buen ejemplo a los catecúmenos, no podréis ser tentados y no os perderéis, pues constantemente os acordáis de Cristo» (ib. 35).


Cipriano:
  • Este gran Padre africano explica también la significación de las Horas aludiendo al ejemplo de los Apóstoles y a las horas de la pasión de Jesús. Refiriéndose a las horas de tercia, sexta y nona, considera que «la Trinidad es enumerada de forma perfecta por las tres ternas. Estos espacios de horas determinados por los adoradores de Dios espiritualmente, revelaban la invitación a la oración en tiempos establecidos y determinados (statutis et legitimis temporibus)» (De oratione dominica 34). En cuanto a las Horas matutina y vespertina, san Cipriano las relaciona explícitamente con la resurrección del Señor y con la imagen de Cristo, sol sin ocaso:
«Por la mañana se debe orar, para celebrar con la plegaria la resurrección del Señor... Al ponerse el sol y terminar el día, de nuevo es necesario orar. Puesto que Cristo es el sol indeclinable y el día verdadero, al faltarnos la luz y el día naturales, oramos y pedimos que de nuevo la luz venga sobre nosotros. En realidad, pedimos que venga Cristo, portador de la luz eterna» (ib.).


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Murilo Cardoso de Castro
Doutor em Filosofia, UFRJ (2005)
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