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TAO — LAO-TZE

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De Lao-tse sólo conocemos una biografía legendaria. El Che-Ki, memorias históricas del siglo primero antes de Cristo, lo presenta como un sabio de origen rural, aunque de familia noble, cuyo verdadero nombre fue Li Eul. Habría nacido en el 570 antes de C. y muerto en el 479. Sería, pues, contemporáneo de Confucio y la leyenda dice que ambos sabios se encontraron. «¡He visto hoy a Lao-tse! — habría gritado Confucio cuando partió el viejo maestro. — ¡Es como un dragón!» Gonfucio encarna la sabiduría convencional y Lao-tse la sabiduría paradójica, que es la de los grandes místicos, tanto en Oriente como en Occidente.

Yuen Hoang Ti fue otro de los nombres que se atribuyeron a Lao-tse, casi mil años después de su muerte. Su significado es «maestro soberano de la oscuridad». En cuanto al nombre de Lao-tse, significa «viejo maestro» o «venerable maestro».

Sólo se sabe de Lao-tse (aunque la tradición es aquí incierta) que fue archivero en la corte de los Tcheu, que se encontró con Confucio y que desapareció tras haber dictado su libro en circunstancias muy especiales.

Se cuenta que cierto día se puso en camino hacia el Oeste. Llegó a la Gran Muralla y el guardián del paso, Kuan Yin, se opuso a que siguiera su camino mientras no le hubiera dictado lo esencial de sus enseñanzas. Así nació el Tao-te-King, tras lo cual Lao-tse desapareció.

Si bien la leyenda nos ofrece una imagen poco satisfactoria de Lao-tse por lo difuminada que la presenta, el Viejo Filósofo ha dado un célebre retrato de sí mismo en su obra:

Todos los hombres están llenos de ardor, exaltados como para un festín, semejantes a quienes realizan una ascensión en primavera. Yo sólo estoy sosegado, sin reacciones, como el recién nacido que aün no sonríe, errante, sin designio, sin objetivo.

Los demás hombres poseen cosas supérfluas; sólo yo soy un desheredado; mi corazón es el de un pobre de espíritu, problemático, confuso. El hombre salido de la muchedumbre está iluminado; yo vivo aherrojado en la penumbra. El hombre salido de la muchedumbre es preciso, perspicaz; sólo yo estoy replegado sobre mí mismo, en movimiento como el mar, flotando sin descanso. La mayoría de los hombres son útiles; sólo yo soy un inepto, semejante a un paria.

Me distingo de los demás hombres porque venero a la Madre Nutricia (el Tao).


La investigación resulta vana cuando es convencional. El Sabio nunca se parece a la imagen ideal que nos hemos formado de él. La sabiduría no consiste en éxitos, ni en fuerza, sino en oscuridad, en aparente debilidad. No se presenta como perfección, pues toda perfección implica cierta rigidez, sino como «ineptitud» y como «exilio».

Además no se representa a Lao-tse de otra forma que bajo la apariencia de un anciano, y de un anciano con grandes orejas (signo de sabiduría), por lo general gesticulante. Sólo la vejez permite este retraimiento, esta separación sin los cuales toda actitud, por ejemplar que parezca, es convencional. TAO - CHAN - ZEN


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Responsável

Murilo Cardoso de Castro
Doutor em Filosofia, UFRJ (2005)
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