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id da página: 893 Escoto Eriugena

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Biografia e bibliografia

João Escoto Eriugena, ou Erígena, era irlandês, como seu nome sugere, tendo sido educado na Irlanda e na tradição céltica, recebendo também a formação clássica nas Sete Artes Liberais, com forte domínio das línguas grega e do hebraico. Embora não fosse monge ou padre, era um sábio "santus sophista Joahnnes", de acordo com seu epitáfio.

Nasceu no século XIX, por volta de 850 estava na França, onde ganhou reputação junto à Escola da Catedral de Laon. A primeira notícia que dele se tem foi a controvérsia sobre a predestinação agostiniana, segundo a qual os homens estavam predestinados por Deus, à salvação ou à danação; doutrina que Eriugena classificou de "uma loucura muito cruel e estúpida". Por suas opiniões teve seu trabalho censurado e condenado pelo Sínodo de Valencia (855).

Devido a seus méritos intelectuais incontestáveis, o rei da França, Carlos o Calvo, pediu que traduzisse do grego as obras de Dionísio o Areopagita. Traduzindo em seguida obras de S. Gregório de Nissa e S. Máximo o Confessor.

Durante essas traduções iniciou a composição de sua obra maior, Periphyseon, Da Divisão da Natureza. Considerada uma síntese de teologia, filosofia, cosmologia e antropologia, segundo a mais perfeita fusão de Cristianismo e Platonismo, constituindo assim a única alternativa filosófica ao escolasticismo aristotélico, àquela época.

Sua obra foi marcante na tradição cristã, tendo inspirado entre outros movimentos o do Irmãos do Livre Espírito, que teve muitos de seus membros queimados pela Inquisição, como por exemplo Marguerite Porète.

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Perenialistas

Frithjof Schuon: ESOTERISMO COMO PRINCÍPIO E COMO VIA
Cuando se habla de esoterismo cristiano no puede tratarse más que de tres cosas: puede tratarse primeramente de gnosis crística, fundada sobre la persona, la enseñanza y los dones de Cristo y beneficiaria eventualmente de conceptos platónicos, lo que en metafísica no tiene nada de irregular; esta gnosis se ha manifestado especialmente, aunque de una manera muy desigual, en escritos como los de Clemente de Alejandría, Orígenes, Dionisio el Areopagita —o el Teólogo o el Místico, si se prefiere—, Escoto Erígena, el maestro Eckhart, Nicolás de Cusa, Jacob Boehme, Angelus Silesius. A continuación puede tratarse de algo completamente diferente, a saber, de esoterismo greco-latino —o próximo-oriental— incorporado al Cristianismo: pensamos aquí ante todo en el hermetismo y en las iniciaciones artesanales. En este caso, el esoterismo es más o menos limitado e incluso fragmentario, reside más bien en el carácter sapiencial del método —hoy perdido— que en la doctrina y el fin; la doctrina era sobre todo cosmológica y, por consiguiente, el fin no sobrepasaba los «pequeños misterios» o la perfección horizontal, o «primordial», si nos referimos a las condiciones ideales de la «edad de oro». En cualquier caso, este esoterismo cosmológico o alquímico, y «humanista» en un sentido todavía legítimo —porque se trataba de devolver al microcosmo humano la perfección del macrocosmo siempre conforme a Dios—, este esoterismo cosmológico cristianizado, decimos, fue esencialmente vocacional, puesto que ni una ciencia ni un arte pueden imponerse a todo el mundo; el hombre elige una ciencia o un arte por razones de afinidad y de cualificación, y no a priori para salvar su alma. Estando la salvación garantizada por la religión, el hombre puede, a posteriori, y sobre esta misma base, sacar provecho de sus dones y sus ocupaciones profesionales, y es incluso normal o necesario que lo haga cuando una ocupación ligada a un esoterismo alquímico o artesanal se imponga a él por un motivo cualquiera. (COMPRENDER EL ESOTERISMO)


Ananda Coomaraswamy: ARTIGOS SELETOS DE METAFÍSICA
Es ciertamente también el kalyânattâ, mahattâ - no el pâpattâ, appâtumo - el que se entiende por attâ en Samyutta Nikâya I.75 (= Udâna 47) que, siguiendo a Brhadâranyaka Upanishad II.4, IV.5 y IV.3.21 (âtmakâma), alaba al attakâmo, un término que puede traducirse por «amador de sí mismo» solo si se comprende que ha sido excluido todo lo que «no es mi sí mismo» (na me so attâ). Es en este sentido también como «un hombre, por caridad, debe amarse a sí mismo más de lo que ama a toda otra persona... más que a su prójimo» (Summa Theologica II-II.26.4); y similarmente Hermes, Lib. IV.6b, «ámate a ti mismo, si quieres tener sabiduría»; cf. Aristóteles, Ética a Nicómaco IX.8, sobre los dos significados del «amor de sí mismo». Como observa Escoto Erígena (Hermes, II.145), «El hombre a quien el hermetista describe como "amándose a sí mismo" corresponde al spoudaios de Aristóteles, que... demuestra ser philautos en el sentido de que busca to kalon (= kalyânam) para sí mismo... (y) desarrolla eso que es mejor y más elevado en sí mismo por la meditación religiosa» (es decir, jhâna). ALGUNAS PALABRAS PÂLI


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Murilo Cardoso de Castro
Doutor em Filosofia, UFRJ (2005)
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