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SIMBOLISMO — ARTE

VIDE: ARTEFATO

A arte é uma das dimensões espirituais do homem que o caracterizam como tal, manifestando em diferentes direções de sua presença e atividade o impulso divino que o criou. Agrupamos abaixo algumas páginas de nosso interesse mas recomendamos uma visita à página Renascimento, uma época ímpar na história da arte ocidental.

Perenialistas

Frithjof Schuon:
Nenhuma arte em si é uma criação humana. Mas a arte sacra tem de particular o fato de seu conteúdo essencial ser uma revelação, de manifestar uma forma propriamente sacramental da realidade celeste, como o ícone da Virgem com Menino Jesus, pintado por um anjo, ou por São Lucas inspirado por um anjo, e o do Rosto Santo que remonta ao santo sudário e à Santa Verônica; como a estátua de Shiva dançando ou as imagens pintadas ou esculpidas dos Budas, dos Bodhisattvas, dos Târâs. Segundo a acepção mais vasta do denominador, entram na mesma categoria a salmodia ritual em língua sacra — em sânscrito, hebreu e árabe, principalmente —, a seguir, em certos casos, a caligrafia igualmente ritual dos Livros Santos. De uma ordem menos direta são em geral a arquitetura ou, pelo menos, a ornamentação dos santuários, os objetos litúrgicos, as vestes sacerdotais. Seria difícil expor em algumas linhas todos os possíveis gêneros da expressão sagrada, que engloba formas tão diversas quanto a recitação, a escritura, a arquitetura, a pintura, a escultura, a dança, o gesto, a vestimenta.


Ananda Coomaraswamy:
Se habrá notado que nuestra metafísica hace un uso continuo de analogías sacadas del arte. Un procedimiento tal es inteligible en una cultura tradicional en la que las artes son aplicaciones de los primeros principios a los problemas contingentes, es decir, «el arte imita a la Naturaleza en su manera de operación»; y donde, así mismo, en tanto que el artista no es un tipo especial de hombre, sino que cada hombre es un tipo especial de artista, la lengua del arte es familiar. Los términos técnicos del pensamiento tradicional son los de la construcción (harmonia, la carpintería, en tanto que un trabajo en «madera», hyle, análoga a la obra en la cual trabajó Aquel «por quien fueron hechas todas las cosas»; cf. Timeo 41B). Bajo tales condiciones la «manu-factura» provee a las necesidades del alma y del cuerpo a la vez, y, por consiguiente, cada «arte-facto» puede usarse no solo para fines inmediatos sino también como un soporte de contemplación. Por lo tanto, San Buenaventura pudo decir acertadamente, «La luz de un arte mecánico es la vía hacia la iluminación de la escritura. No hay nada en él que no prefigure la verdadera sabiduría, y por esta razón la Sagrada Escritura hace un uso constante de tales símiles» (De reductione artium ad theologiam 14). Y aunque este procedimiento nos es extrano a nosotros, cuya educación está más en las palabras que en las cosas (una consecuencia natural de nuestro nominalismo), un estudioso de la filosofía tradicional debe aprender a pensar en sus propios términos. Por ejemplo, el trasfondo de la filosofía griega clásica se preserva mejor y más completamente en las formas del «arte geométrico» que en los «fragmentos» literarios.

Y así como Platón, el padre de la sabiduría Europea, pregunta, «¿Acaso no sabemos que en lo que concierne a la práctica de las artes (ten ton technon demiourgian) el hombre que tiene a este Dios por su maestro será renombrado y como un fanal de luz, y que aquel a quien Amor no ha poseído será obscuro?»1. Esto es con referencia particular a los divinos originadores del tiro con arco, la medicina, y los oráculos, la música, la metalurgia, el tejido, y el pilotaje, cada uno de los cuales era «discípulo de Amor». Platón entiende, por supuesto, el «Amor cósmico» que armoniza las fuerzas opuestas, el Amor que actúa por amor de lo que tiene y para engendrarse a sí mismo, no el amor profano hecho de carencia y deseo. Así, el hacedor de algo, si ha de llamarse un creador, es, para su bien supremo, el servidor de un Genio inmanente; él no debe llamarse «un genio», sino «ingenioso»; él no está trabajando por sí mismo o para sí mismo, sino por y para otra energía, la del Eros Inmanente, Spiritus Sanctus, la fuente de todos los «dones». «Todo lo que es verdadero, por quienquiera que se haya dicho, tiene su origen en el Espíritu»2.

Hay que trazar, entonces, una distinción entre un arte significante (padarthabhinaya) y liberador (vimuktida), a saber, el arte de aquellos que en sus cumplimientos están celebrando a Dios, la Persona de Oro, a la vez en Sus dos naturalezas, inmanente y trascendente, y el arte in-significante que está «coloreado por la pasión mundanal» (lokanuraijaka) y que «depende de los estados de ánimo» (bhavasraya). El primero es el arte de la «vía» (marga, odos) que lleva directamente al fin de la senda, el segundo es un arte «pagano» (desi, agrios) y excéntrico que vaga en todas direcciones, imitando todo3.


Titus Burckhardt:

LÉXICOS: Guénon; Schuon; Coomaraswamy

NOTAS:

1. El Banquete 197A.
2. San Ambrosio sobre I Corintios 12:3, citado en Summa Theologica I-II.109.1. Nótese que «a quocumque dicatur» contradice la pretensión de que sólo es «revelada» la verdad Cristiana.
3. Para todas las afirmaciones de este párrafo, ver Chandogya Upanishad I.6-9; Sahitya Darpana I.4-6; y Dasarupa I.12-14.


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Responsável

Murilo Cardoso de Castro
Doutor em Filosofia, UFRJ (2005)
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