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BESTIÁRIOS — ANIMAIS

VIDE: CRIAÇÃO DOS ANIMAIS

Bíblia das Origens

Paul Nothomb: TÚNICAS DE CEGO

Um erro de tradução do hebreu inventou em Gen 2,7 o conceito de «ser vivente» ou de «alma vivente» englobando o Homem, enquanto a expressão em hebreu designa exclusivamente os animais.

Atestada na Bíblia das Origens em Gen 1,20, Gen 1,21, (Gen 1,24)) e Gen 1,30; Gen 2,7 e Gen 2,9 a expressão NP(SH) HYH (pronunciada «nefesh haya») é de fato um sinônimo de HYH (pronunciado «haya») que quer dizer animal, ou os animais em geral, e é assim a princípio que nossas bíblias a traduzem, salvo como por acidente no caso da formação do Homem em Gen 2,7, onde elas a traduzem por «ser vivente» ou «alma vivente».


Assim esta última frase referente à formação do Homem (Gen 2,7) remete à última frase do versículo do RELATO DOS SEIS DIAS relatando a Criação do Homem (Gen 1,27).

A primeira que se deve traduzir «e o Homem se tornou um animal» (e não «uma alma vivente ou «um ser vivente» como em nossas bíblias) evoca com efeito como a outra «macho e fêmea os Criou» o que se pode chamar, sem qualquer nuance pejorativo nem desvalorizante, a animalidade do Homem, e a situa no mesmo nível existencial e descritivo — o último — da natureza do Homem, segundo sua Criação ou sua concepção.

FILOSOFIA
Giorgio Agamben: LO ABIERTO — EL HOMBRE Y EL ANIMAL

En las últimas tres horas del día, Dios se sienta y juega con el Leviatán, como está escrito: "tú has hecho el Leviatán para jugar con él". Talmud, Avoda Zara

En la Biblioteca Ambrosiana de Milán se conserva una Biblia hebrea del siglo XIII que contiene preciosas miniaturas. Las dos últimas páginas del tercer códice están enteramente iluminadas con escenas de inspiración mística y mesiánica. La página 135v ilustra la visión de Ezequiel, sin la representación del carro. En el centro están los siete cielos, la luna, el sol y las estrellas, y en los ángulos, descollando sobre un fondo azul, los cuatro animales escatológicos: el gallo, el águila, el buey y el león. La última página (136r) está dividida en dos mitades; en la superior, se representan los tres animales de los orígenes: el pájaro Ziz (en forma de un grifo alado), el buey Behemot y el gran pez Leviatán, sumergido en el mar y retorcido sobre sí mismo. La escena que nos interesa aquí de modo particular es la última en todo sentido, ya que concluye tanto el códice como la historia de la humanidad. Ella representa el banquete mesiánico de los justos en el último día. A la sombra de árboles paradisíacos y regocijados por la música de dos intérpretes, los justos, con la cabeza coronada, están sentados a una mesa preparada de manera suntuosa. Es completamente familiar a la tradición rabínica la idea de que los justos, los que durante toda su vida observaron las prescripciones de la Tora, banquetearán, en los días del Mesías, la carne de Leviatán y de Behemot, sin preocuparse por que su sacrificio haya sido o no kosher. Sorprende, sin embargo, un detalle que no hemos mencionado hasta ahora: debajo de las coronas, el miniaturista no ha representado a los justos con semblante humano, sino con una cabeza inconfundiblemente animal. No sólo hallamos de nuevo aquí, en las tres figuras de la derecha, el pico rapaz del águila, la roja cabeza del buey y la cabeza leonina de los animales escatológicos; también los otros dos justos de la imagen exhiben, uno, grotescos rasgos de asno y, el otro, un perfil de pantera. Y una cabeza animal les corresponde también a los dos músicos, en particular al de la derecha, más visible, que toca una especie de viola con un inspirado hocico de simio.

¿Por qué los representantes de la humanidad consumada están figurados con cabezas de animal? Los estudiosos que se ocuparon de la cuestión no han hallado hasta ahora una explicación convincente. Según Zofia Ameisenowa -que dedicó al tema una amplia investigación e intentó aplicar a materiales judíos los métodos de la escuela de Warburg-, habría que relacionar las imágenes de los justos con características animales con el tema gnóstico-astrológico de la representación de los decanos teriomorfos, a través de la doctrina gnóstica según la cual los cuerpos de los justos (o, mejor, de los espirituales), ascendiendo después de la muerte a través de los cielos, se transforman en estrellas y se identifican con las potencias que gobiernan cada cielo.

Sin embargo, según la tradición rabínica los justos en cuestión no están en absoluto muertos. Son, por el contrario, los representantes del resto de Israel, es decir, de los justos que están todavía con vida en el momento de la llegada del Mesías. Como se lee en el Apocalipsis de Baruch 29,4, "Behemot surgirá de su tierra y el Leviatán se levantará del mar. Los dos monstruos, que formé en el quinto día de la creación y conservé hasta aquel día, servirán entonces de alimento para todos aquellos que han quedado". Por otro lado, el motivo de la representación teriocéfala de los arcontes gnósticos y de los decanos astrológicos no está exento de discusión entre los especialistas, y él mismo exige una explicación. En los textos maniqueos, cada uno de los arcontes corresponde a una parte del reino animal (bípedos, cuadrúpedos, pájaros, peces, reptiles) y, al mismo tiempo, a las "cinco naturalezas" del cuerpo humano (huesos, nervios, venas, carne, piel). De modo que la representación teriomórfica de los arcontes refiere directamente al tenebroso parentesco entre el macrocosmos animal y el microcosmos humano (Puech, 105). Por otra parte, en el Talmud, el pasaje del tratado en que el Leviatán es mencionado como alimento del banquete mesiánico de los justos se encuentra después de una serie de haggadoth que parecen aludir a otra economía de relaciones entre lo animal y io humano. Además, que también la naturaleza animal será transfigurada en el reino mesiánico, estaba implícito en la profecía mesiánica de Isaías 11,6 (que tanto le gustaba a Ivan Karamazov), donde se lee que "morará el lobo con el cordero / y la pantera se acostará junto al cabrito; / el becerro y el león pacerán juntos / y un niño los guiará".

No es imposible, por lo tanto, que atribuyendo una cabeza animal al resto de Israel, el artista del manuscrito de la Ambrosiana haya querido significar que, en el último día, las relaciones entre los animales y los hombres tendrán una nueva forma y el hombre mismo se reconciliará con su naturaleza animal.

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Responsável

Murilo Cardoso de Castro
Doutor em Filosofia, UFRJ (2005)
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